Florencio Salazar

Si vivi茅ramos en un mundo feliz el Estado ser铆a innecesario y la pol铆tica, in煤til. La felicidad es como el horizonte: entre m谩s nos acercamos a 茅l su distancia es mayor. No obstante, es nuestro deber perseguir esa utop铆a porque conlleva el perfeccionamiento humano.
De tarde en tarde es conveniente recordar el fin del Estado y de la pol铆tica para no desde帽ar el poder de uno ni la capacidad de la otra. Y, sobre todo, entender que en el centro del pacto social est谩 el conflicto. El conflicto es la masa que el horno de la pol铆tica convierte en acuerdo. El Estado, por su parte, controla a la pol铆tica de la cual se nutre, a trav茅s de la Ley. Resalta ahora cuando la raz贸n de Estado, apoyada en la idea de que el fin justifica los medios, se contrapone a la protecci贸n de los derechos humanos.
Cuando la pol铆tica es incapaz de procesar los conflictos, se debilita a las instituciones y se pone en riesgo la gobernabilidad, lo cual se traduce en dejar en vilo el pacto social; ello equivaldr铆a al abandono de la vida civilizada para atender la ley del m谩s fuerte. Cada acto de tolerancia en contra de la ley representa lanzar polillas a un mueble que terminar谩 como un mont贸n de aserr铆n. La impunidad inexorablemente se vuelve en contra del Estado.
Generalmente la ingobernabilidad es consecuencia de conflictos que atacan sistem谩ticamente a las instituciones p煤blicas, hasta amagar al Estado con su destrucci贸n. Si el Estado es un ente abstracto, sus instituciones no lo son y el conjunto de ellas lo representa. El Estado tiene las caracter铆sticas del agua: s贸lido, para aplicar la ley; l铆quido, para asegurar el desarrollo de la sociedad; gaseoso, para transformarse y asegurar su vigencia. Por ello, es tambi茅n un elemento vital.
Podemos observar que el Estado es combatido al menos por dos fuerzas, una desde fuera de las instituciones y otra desde dentro de ellas. La externa se manifiesta a trav茅s del terrorismo y el crimen organizado; la interna, de la corrupci贸n y la impunidad. Ambas fuerzas confluyen en una labor de pinza, que amenaza con estrangular al Estado. La primera lo ataca y la segunda no lo defiende. De ah铆 que para garantizar al Estado democr谩tico es indispensable sostener su legitimidad mediante la observancia a la ley, elecciones limpias y transparentes, y la consecuci贸n del bien com煤n.
Los servidores p煤blicos est谩n obligados a cumplir con la ley. No es una opci贸n, es un deber. De ah铆 que “todo funcionario p煤blico, sin excepci贸n alguna, antes de tomar posesi贸n de su encargo prestar谩 la protesta de guardar la Constituci贸n y las leyes que de ella emanen” (art铆culo 128 constitucional). Puesto que no se puede asumir un cargo sin rendir la protesta de ley, est谩 claro que la primera obligaci贸n del servidor p煤blico es con el ordenamiento legal.
El Estado contempor谩neo es una paradoja. Est谩 siendo asediado por poderes f谩cticos: los que se imponen y lo presionan, como son las empresas globales y los medios, incluyendo las redes; y aquellos que, por su capacidad econ贸mica y el empleo brutal de la violencia, constantemente lo desaf铆an. Su grado de complejidad lo hace m谩s lento y por ello sus respuestas pierden eficacia.
La pregunta es: ¿cu谩nto tiempo podr谩n resistir los embates de adversarios y enemigos los estados que se encuentran en los l铆mites de la gobernabilidad? El Estado es un ente que se reconstruye. Reformarlo es indispensable para que el ciudadano recupere su protecci贸n, que es el adhesivo del pacto social.
Sin Estado se acaba la pol铆tica y el acuerdo.

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